Derrocar al Sanchismo

El adjetivo no está puesto al azar. A Pedro Sánchez hay que derrocarlo, de la misma manera que voz en grito se proclamaba hacerlo con el tirano de turno. Y no por ningún motivo ideológico, dado que Sánchez no profesa ideología alguna, sino por simple cuestión ética. Pedro Sánchez Castejón NO es de izquierdas. Pero no por cuestiones doctrinales o por lo que Gustavo Bueno calificaba como ‘Izquierda Indefinida’, eso habilitaría para engendros como Podemos, Sumar o Más País; sino por cuestiones éticas. Pedro Sánchez Castejón tampoco es conservador ni de centro. Pedro Sánchez Castejón en definitiva, no puede adscribirse a nada que conlleve poseer un mínimo poso ético. Pedro Sánchez Castejón, es única y exclusivamente Sanchista. Pedro Sánchez Castejón fue laminado por el PSOE y volvió juramentado para hacerse con el poder, con todo el poder. El asalto -éste si es el verdadero asalto a los cielos- lo inició con escuderos de la ralea de José Luis Ábalos, Koldo García y Santos Cerdán. Pero eso ya es historia. Igual que lo es pactar con quien "nunca pactaría", quien tiene las manos "manchadas de sangre" o con quien directamente exigía llevar ante los tribunales. Igual que lo es cascar y ganar una moción de censura amparándose en:
"Quiero resumir esa vocación en un programa de estabilidad moderado, realista y de consenso de cuatro puntos: la estabilidad institucional y regeneración democrática, el primero; la estabilidad macroeconómica y presupuestaria, el segundo; la estabilidad social, laboral y medioambiental, el tercero; y la estabilidad territorial como cuarto eje".
"Recuperar la dignidad de la democracia española y regenerarla. Pero es una moción, sobre todo, para gobernar, devolver la "normalidad" al país, "limpiar" de corrupción las instituciones y atender las urgencias sociales,"
"Esta situación tiene un único responsable, el presidente del Gobierno, que no ha asumido ninguna responsabilidad política"
Pese a ello, todo lo citado no es ninguna novedad en el panorama político español. Desde Felipe González, hasta Aznar pasando por Zapatero y Rajoy, la mentira y el incumplimiento sistemático de cualquier programa -promesa- electoral se ha convertido en la norma no escrita. El hecho diferencial que ha estado imprimiendo Pedro Sánchez Castejón, su huella personal y su legado para la posteridad, es el haber sistematizado que todas y cada una de las acciones del gobierno de España, confluyan en un único propósito: mantener su persona en el poder. Los peones van cayendo,los secuaces van pasando, los cadáveres se van acumulando; sólo el personaje permanece. Porque todo está diseñado para que así sea: regalías de miles de millones para la prensa, publicidad institucional, asesores, transferencias, compra de empresas, voluntades y lo que haga falta. Porque el dinero utilizado es el dinero público, que como todas sabemos "no es de nadie".
Dado que no hay dato mínimamente favorable que se mantenga en pie frente a un análisis serio y prolongado en el tiempo, se gobierna a base de relato. Los hay para todos los gustos y circunstancias: el fascismo, la extrema derecha, la fachosfera, Franco, Trump, la derecha extrema, los bulos, los jueces, el lawfare, la maquinaria del fango, el empresario, la empresa privada, los negacionistas, los youtubers, los sabotajes, los ciberataques y lo que haga falta. Porque lo nunca le faltan son lacayos, tuerce botas y estómagos agradecidos. Porque lo nunca falta es una subvención, un programa de radio o televisión, una columna, un puesto de tertuliano o un cargo en alguna empresa "amiga".
Las ruedas de prensa han mutado en construcciones del relato. Sin datos, sin disculpas, sin empatia alguna. Se marcan las líneas generales a seguir para lograr la exculpación, la no imputación, la no responsabilidad, la impunidad más absoluta y al fin y al cabo; que la rueda siga girando. Que lo poco que acabe chirriando, ya se encargará el paso del tiempo en engrasar.
Esa asunción de que "no hay dato que un buen relato no pueda matar", esa clarividencia, esa sistematización y posterior uso en cadena; ha sido la gran novedad. Ni en sus sueños más húmedos Lenin, Gramsci o Goebbels pudieron imaginar un escenario donde, de forma pacífica, resultara tan sencillo desactivar cualquier protesta o crítica colectiva dirigida a un gobierno.
La sensación final es de que no hay límite alguno. Vuelva a producirse otro apagón, otro desastre como la última Dana, la paralización del transporte ferroviario, el ninguneo en instituciones internacionales, la deuda pública desbocada, el récord de paro juvenil, el agujero en las cuentas de la seguridad social o a fin de cuentas, cualquier dato, acontecimiento o circunstancia que pueda acarrear alguna imputación negativa al gobierno; siempre aparecerá un relato, no sólo para exonerarlo completamente, sino para cargarle el muerto a quien haga falta.
Todo ésto es lo que constituye la ausencia más absoluta de cualquier principio ético. Todo ésto y no unas siglas de partido o una prostituida filiación política, es lo que demanda un cambio radical.
El problema; hace muchos años que en España la ética simplemente ni cotiza.



